1 de diciembre de 2009

Titanic en mi Diario 2.


Estas son las primeras entradas, ahora si en orden, sobre el Titanic en mi Diario.

No resulta un dato menor en el sentido general de este Diario y para su autor, que la que sigue sea exactamente la primera anotación en él. Así, el opus magnum cameroniano fue uno de los secretos llamados a comenzar esta obra propia, que continúa hasta hoy, casi 12 años más tarde.


9 de febrero de 1998

Vivimos (el plural es correcto aquí) desde el jueves 5, bajo el shock del Titanic de Cameron. A mi juicio la primera verdadera obra maestra de Cameron. No solo su mejor película hasta el momento, sino uno de los más grandes filmes de la última década.
... sostiene que se trata sencillamente de una “Summa”, que no hay una diferencia esencial de perfección entre y las anteriores películas de Cameron. Estoy de acuerdo en la primera aseveración, no así en ésta última. Titanic es la cima de perfección del artesanado de Cameron.



Compruebo una vez más que el margen de acción del azar en el mundo es, como mínimo restringido y en última instancia, inexistente. Solo dos días después de ver Titanic accedo por vez primera a Internet. Experiencias paralelas.

Hablaré de ese primer encuentro y de las reflexiones que me suscitó más adelante. Aquí solamente quiero resaltar el cararcter inequívocamente “titánico” de esa red. No solo su voluntarismo conquistador y seudo-unificador, su falso ecumenismo. Sino también su status de continuador de la mentalidad liberal-progresista que dio vida al barco Titanic. (1) Cabe reflexionar que si bien el crack del ‘29 fue, como muestra Cameron, un serio golpe a las esperanzas de “progreso ilimitado” de esa mentalidad (Caledon Hockley se suicida al perder su fortuna).

Pero ésta parece simular no haberse dado cuenta de aquél suceso – claro que, por eso mismo en 1998 Cameron retrocede casi 80 años en la historia de Occidente para mostrar el temprano fracaso de aquella mentalidad; desde ese año los Titanic abundan- y hoy enarbola un nuevo avatar de sus sueños redencionistas bajo el conjuro de la “globalización”, palabra cuya miope repetición por parte de los eternos periodistas disfrazados de pensadores, muestra hasta que punto ha decaído la idea de “universal” o “ecuménico”.

Por otro lado, y en otro orden de cosas, ¿qué es Bill Gates sino un recién llegado que como el Cal de Titanic afirma cínicamente que “ahora nosotros somos la realeza”?
¿Qué cosa diversa podemos esperar de esto nuevos filántropos electrónicos, que no contentos con usurpar diletantescamente el lugar de la aristocracia intentan acceder a su centro de poder y “planificar” la sociedad, “diseñar” la economía, dar consejos sobre como vivir y como si con toda esta parafernalia no alcanzara, ocupar también el puesto de pensadores de “lo por venir” a la manera de oráculos invertidos?

Ver para este último tema la simbología de los delfines en Titanic. Delfos: el oráculo. Delfín: el heredero de la corona de Francia… Es Jack el único que nota la presencia de los delfines que escoltan al Titanic en su partida, simple anticipo de su afirmación de “potestad”: “Soy el Rey del Mundo”.

Por otro lado, la joya que es el centro diegético y simbólico del film – The heart of the Ocean – está hecha, recuérdese, con las joyas de la corona del último rey de Francia, decapitado, o sea la legítima herencia de su Delfín precisamente…

(1) Hoy esa cruda visión inicial de mi parte, que esencialmente sigo considerando correcta, ha ganado en matices. Es el viejo tema del desvío de la máquina de sus fines. No hay que olvidar (y yo lo olvidé en el '98 o aún no lo había comprendido) que Griffith en última instancia tomó una máquina, creada para reproducir la realidad y la convirtió en instrumento de su invención de una forma de mostrar la "otra" realidad (eso que seguimos llamando Cine). ¿Por qué no Internet entonces?


11 de febrero de 1998


Leo en el diario de hoy, una anécdota de dos argentinos que trabajaron como extras en Titanic. Estaban de paso por México y quisieron ver el set. El personal de seguridad, obviamente, no los dejó ingresar. Entonces dijeron ser extras contratados. “¿Y quién los manda?” preguntó el seguridad. Sin pensarlo uno de ellos contestó: “Jesús”. “Está bien, pasen”. El jefe de casting se llamaba Jesús García.



El bosque o la nave. La imagen es de Jünger. El emboscado o el tripulante de la nave. O más bien: el emboscado como (obligado) tripulante de la nave. Jünger pensaba también en el Titanic.



Por la tarde. Intento de ver Titanic por segunda vez. Imposible. Entradas agotadas (¡dos salas completas todo el día!) Interesante charla cinéfila con … Ideas sobre Coppola, Friedkin y especialmente Cameron. Su “voluntad de poder”. Su poder de síntesis. Análisis pormenorizado de Titanic.


14 de febrero de 1998

Ayer por la tarde. Veo por segunda vez Titanic. Me lleva más de una hora salir del shock. No solo mejora mi impresión de la primera vez, sino que consigue lo inesperado: emocionarme el doble. Lloro de comienzo a fin. Las escenas del naufragio son inenarrables (no logro encontrar los adjetivos correctos, las palabras resultan torpes). Por ahora no voy a hablar en este diario de todas las claves de la película. Solo una: This is the end… (my friend)